Rodrigo Piñeiro se despidió de Vélez y continuará su carrera en América Mineiro, luego de rescindir su contrato de común acuerdo con el club. El uruguayo se va libre después de haber llegado por una cifra cercana a los 2.5 millones de dólares y de haber jugado apenas 15 partidos.
El caso Piñeiro es otro ejemplo claro de mala gestión deportiva. Vélez invirtió una fortuna en un futbolista que nunca logró consolidarse, tuvo escasa participación y terminó saliendo sin dejarle un peso al club. Cuando se habla del déficit, de la necesidad de vender juveniles y de reducir gastos, incorporaciones como esta explican buena parte del problema.
En su despedida, el jugador escribió: “Llegué con la ilusión de defender esta camiseta y me voy con el privilegio de haber salido campeón”. También reconoció que “dentro de la cancha las cosas no terminaron saliendo como todos esperábamos” y aseguró irse “con la tranquilidad de haber dado siempre lo mejor de mí”.
En Vélez queda otro agujero económico difícil de justificar y una pregunta inevitable: ¿cuántos casos más hacen falta para revisar seriamente cómo se incorpora en el fútbol profesional?