El Fortín mostró todos los problemas que arrastra hace semanas: cero movilidad, ataques previsibles y una alarmante falta de rebeldía. La única idea ofensiva fue tirar centros mal ejecutados desde la derecha durante 90 minutos.
Gimnasia golpeó rápido con un penal convertido por Marcelo Torres tras una infracción muy tonta de Joaquín García, que tuvo un partido pésimo. A partir de ahí, el Lobo hizo tiempo constantemente y Vélez jamás encontró herramientas para romper el partido.
Ni Manuel Lanzini ni Tobías Andrada estuvieron a la altura. El primero tuvo un encuentro flojo y desconectado. El segundo directamente jugó horrible: lento, impreciso y tomando malas decisiones. También volvió a quedar expuesto Dilan Godoy, que incluso ingresó lesionado para intentar cambiar algo, reflejo del pésimo armado de plantel de una secretaría técnica que dejó al equipo sin variantes ofensivas reales.
Paradójicamente, Guillermo planteó bien el partido desde lo táctico. Pero después no supo resolverlo. Los cambios no modificaron nada y el equipo terminó cayendo en pelotazos y centros sin sentido.
Sobre el final hubo cantos contra los jugadores y silbidos. Y razones sobraron. Vélez ganó apenas uno de los últimos seis partidos de liga y uno de los últimos cuatro de local.
El equipo quedó eliminado sin reacción, sin fútbol y sin carácter. Un cierre de semestre preocupante para un Vélez que, jugando un solo torneo, terminó involucionando.
El único consuelo para los socios será votar en las próximas elecciones de Vélez a la agrupación que proponga un proyecto deportivo serio y competitivo.