Vélez hizo lo justo para ganarle 2-0 a Gimnasia y Tiro de Salta en Caseros y meterse en los octavos de final de la Copa Argentina. Sin sobrarle nada, pero con la jerarquía suficiente para resolver un partido que, como contra Deportivo Armenio, se jugó más al roce que al fútbol y con un arbitraje permisivo que dejó pegar demasiado y omitió al menos dos penales claros para el Fortín.
El equipo de Guillermo Barros Schelotto volvió a mostrar problemas de funcionamiento, pero tuvo un diferencial evidente: Manuel Lanzini. El enganche fue, otra vez, el mejor. Manejó los tiempos, pidió siempre la pelota y terminó destrabando el partido con una jugada de jerarquía sobre el cierre del primer tiempo: control y asistencia perfecta para Dilan Godoy, que definió para el 1-0.
Gimnasia y Tiro, ordenado en bloque bajo, complicó y hasta generó peligro, encontrándose con un Tomás Marchiori que respondió con solvencia cada vez que lo exigieron. El arquero fue clave para sostener el resultado en los momentos donde Vélez no lograba imponerse.
En el complemento, el Fortín tuvo la chance de liquidarlo rápido, pero apareció la otra cara de la noche: Braian Romero. Erró un penal de manera insólita, con una ejecución anunciada y débil, coronando un partido muy flojo, sin peso ofensivo ni participación. Una actuación que vuelve a poner en discusión su lugar en Vélez.
Más allá de eso, Vélez controló el trámite sin sufrir demasiado. Con Claudio Baeza en cancha, el equipo se mostró mucho más sólido en el mediocampo, algo que ya no sorprende a nadie y que vuelve a dejar en evidencia decisiones difíciles de explicar cuando el chileno no es titular o sale. También mejoró Tobías Andrada, liberado de responsabilidades defensivas y más enfocado en atacar.
El cierre llegó con el gol de Diego Valdés, que selló el 2-0 definitivo.
Fuera de la cancha, lo mejor: la gente. La hinchada copó Caseros, llenó las dos tribunas y acompañó como siempre. Un equipo que todavía no termina de convencer, pero una gente que nunca falla.