Asamblea informativa: récord de socios, millones en contratos y un déficit que no se mueve

 

La asamblea informativa realizada por Vélez Sarsfield dejó una postal tan elocuente como preocupante. Mientras la conducción celebró cifras históricas de socios, nuevos acuerdos comerciales y una batería de obras proyectadas, quedó expuesto un dato central que atraviesa toda la gestión: el club mantiene un déficit operativo mensual cercano a los 1,8 / 1,9 millones de dólares, prácticamente idéntico al heredado al asumir, y una gestión deportiva que no logra justificar semejante desequilibrio económico.

El primer gran anuncio fue presentado como un logro político e institucional: Vélez superó los 80.000 socios activos, alcanzando los 80.206, cuando hace apenas un año eran 76.144. El crecimiento del 25% entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 marca un récord absoluto para el club y confirma algo que nadie discute: la marca Vélez sigue siendo fuerte y convocante, incluso en contextos deportivos adversos. Sin embargo, la pregunta que flotó en la sala fue inevitable: ¿cómo se traduce ese crecimiento en sustentabilidad económica real si el rojo mensual sigue intacto?

En el plano comercial, la dirigencia detalló la incorporación de dos nuevos sponsors para la camiseta del primer equipo: Dioxaflex, que aportará 100.000 dólares en 2026 y ocupará el cuello/nuca, y Bajaj, con 200.000 dólares para el trapecio. Estos acuerdos se suman a Saphirus (1,2 millones), Supervielle (430.000), Turbodisel (123.154) y Go Assistance (105.000). Desde la mesa directiva se remarcó que los ingresos por publicidad e indumentaria pasaron de 614.000 dólares en 2024 a 1.746.000 en 2025, con una proyección de más de 2,3 millones para 2026, e incluso se habló de “los mayores ingresos por sponsors en la historia del club”.

El problema es que, aun con ese salto, los números no cierran. Si el marketing “quintuplicó” ingresos pero el déficit mensual sigue siendo el mismo, la conclusión es incómoda: el aumento de recursos no fue acompañado por una reducción del gasto estructural, o directamente fue absorbido por una administración ineficiente del presupuesto.

Otro de los ejes fuertes fue la renovación del contrato con Dale Play, la productora de recitales. Vélez extendió el vínculo hasta 2027 a cambio de 3,5 millones de dólares adicionales, además de inversiones tecnológicas como WiFi de alta densidad y sistemas LED en el estadio. Se trata, sin dudas, de un acuerdo estratégico relevante, que garantiza ingresos futuros y mejoras de infraestructura. Sin embargo, también refuerza una tendencia ya conocida: el club se sostiene cada vez más por negocios extracampo, mientras el fútbol profesional sigue sin dar respuestas deportivas acordes a la magnitud institucional.

En cuanto al mercado de pases, la asamblea “oficializó” las condiciones de los últimos refuerzos. Álvaro Montero llegó a préstamo con un cargo de 400.000 dólares y una opción de compra de 1,4 millones. Lisandro Magallán, Diego Valdés, Manuel Lanzini y Rodrigo Aliendro arribaron en condición de libres. Pero hubo un dato que la dirigencia evitó precisar: no se informaron los montos abonados en primas y contratos de firma. En un contexto de déficit crónico, la falta de transparencia sobre esos números no es un detalle menor, sino una omisión grave.

La propia Comisión Directiva reconoció, sin rodeos, el núcleo del problema: no logró bajar el déficit operativo en dos años de gestión. “Al asumir, el déficit era de 1,8 millones de dólares por mes. Al cierre de este balance, es casi el mismo”, admitieron. El argumento fue que “es muy difícil en un club como Vélez bajar el déficit en poco tiempo” y que al menos se logró “mantener el club”. Una explicación que suena insuficiente para una institución que presume profesionalización, control de procesos y eficiencia en el uso de recursos.

En paralelo, se expusieron avances reales en sistemas, control de personal, digitalización, contratos con proveedores, obras finalizadas y proyectos ambiciosos en el estadio, la sede y la Villa Olímpica. Todo eso dibuja un club más moderno y ordenado en lo administrativo. Pero el contraste es evidente: la gestión deportiva no acompaña ese relato. Planteles caros, apuestas fallidas, resultados irregulares y una identidad futbolística endeble hacen que el déficit no solo sea contable, sino también simbólico.

La asamblea dejó así una sensación contradictoria. Vélez crece en socios, firma contratos millonarios, proyecta obras sin “poner un peso” y moderniza su estructura interna. Pero al mismo tiempo no reduce su rojo mensual y no logra transformar inversión en competitividad deportiva sostenida. El riesgo es claro: que el club se convierta en una maquinaria eficiente para administrar ingresos, pero incapaz de traducirlos en fútbol, que sigue siendo, para bien o para mal, el corazón de Vélez.